ADICTOS A LA RUTINA

Suena el despertador, lo apagamos, nos levantamos, desayunamos, nos duchamos, nos vestimos, salimos por la puerta, cogemos el bus/metro/coche, nos dirigimos hasta el trabajo, subimos en el ascensor, saludamos a los compañeros, encendemos el ordenador, miramos el correo… ¿Os es familiar esta rutina?

Todos los días realizamos decenas de tareas en un completo estado de “automatización”, el cual podríamos asemejar al de un robot.

La realización de estas cadenas de eventos nos hace sentir, en cierta forma, seguros, en posesión del control, protegidos… dentro de nuestra zona de confort.

¿Qué ocurre cuando surge un imprevisto que altera el orden de los acontecimientos? Enfado, angustia, rabia y hasta miedo. ¿Miedo a qué? Muy fácil: a la incertidumbre.

El sólo hecho de considerarla, aunque sea por unos segundos, nos suele poner la piel de gallina y, entonces, ¿cuál es nuestra reacción “automática”?: Más control.

Y así transcurren los días, tarea tras tarea, rutina tras rutina, sin darnos ni tan siquiera cuenta de que, cada control que ponemos en nuestra vida, es, en realidad, un ladrillo más en el cerco que nos limita.

La imagen sería similar a la de un ratón dando vueltas y más vueltas en la rueda de su jaula. Corriendo y corriendo sin parar como si, de esta forma, fuera a llegar a algún sitio… siempre protegido, siempre seguro.

Coaching personal be the change | Blog |Foto para el artículo "no a la rutina": "Fuera de servicio" Hamster en su rueda Pero, ¿creéis realmente que ese ratón saldrá alguna vez de su guarida? Incluso si le dejáramos la puerta abierta, el ratón seguiría en lo que conoce, aunque ello suponga una limitación de sus movimientos y de su libertad.

Así somos nosotros, como ese ratón, construyendo inconscientemente, día a día, una jaula confortable alrededor de la rueda de la rutina en la que nos movemos.

No nos damos la oportunidad de ver cómo es el mundo fuera de allí, de poner a prueba los recursos que hemos ido desarrollando a lo largo del camino, de explorar lugares desconocidos que pueden resultar maravillosos, en definitiva, de abrirnos a todo aquello que la vida nos puede traer.

Irónicamente, si decidimos hacerlo… si apostamos por nosotros y nos atrevemos a explorar más allá de nuestra zona de confort, encontraremos que nuestro ser responde de una forma fácil y fluida a las demandas del entorno, sin prácticamente esfuerzo. Y cada logro, cada paso fuera de la jaula, conlleva una sensación auténtica de seguridad, lejos de la falsa protección facilitada por la rutina.

Es por ello, por mi propia experiencia y la de muchos otros, que os animo a abrir la puerta, sacar una pierna, luego otra… el cuerpo entero y caminar. Caminar sin mirar hacia atrás. Caminar hacia una fuente inagotable de verdadera… Fuerza.

By |2016-11-23T11:40:40+00:00febrero 23rd, 2015|Coaching|0 Comments

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